Hace cinco años no tenia sobrinos, pero hoy día tengo cinco, dos de quienes son hijos de mi hermano y tres de quienes son hijos de mi hermana. Veo mucho a los hijos de mi hermano porque viven cerca. Intento salir a almorzar una vez a la semana con la mayor, Myla, que tiene cuatro años y le gusta comer Chik-Filet, donde la llevo muy de vez en cuando porque si como demasiados sándwiches de allí me muero de un infarto.
Mis sobrinos tienen vidas maravillosas. Sus madres no tienen que trabajar y están con ellos todos los días; tienen más de suficiente comida, juguetes y ropa; van a escuelas donde aprenden y juegan con niños de hogares bonitos; tienes madres, padres, tíos y abuelos que les muestran mucho cariño y no tienen que preocupar por su seguridad.
Que tan distinto de las vidas de muchos niños en el mundo. Como Sarah yo también vi la pobreza de la Republica Dominicana. Hace ya 20 años que vi niños en las calles de India que pidieron dinero con caras miserables. No hay que mirar mucho para ver sufrimiento dentro de la niñez. De hecho se encuentra mucho en nuestro país. Una antigua colega mía trabajó durante los últimos meses en una escuela pobre en Greensboro en Carolina del Norte. Llegaba todos los días un niño de 10 que siempre estaba muy cansado y con mucha hambre. El niño estaba tan insoportable en su comportamiento que mi amiga lo investigó y descubrió que la madre y el padre habían desaparecido de las casa y que el niño y sus hermanos menores estaban viviendo solos.
Mis sobrinos tienen vidas maravillosas. Sus madres no tienen que trabajar y están con ellos todos los días; tienen más de suficiente comida, juguetes y ropa; van a escuelas donde aprenden y juegan con niños de hogares bonitos; tienes madres, padres, tíos y abuelos que les muestran mucho cariño y no tienen que preocupar por su seguridad.
Que tan distinto de las vidas de muchos niños en el mundo. Como Sarah yo también vi la pobreza de la Republica Dominicana. Hace ya 20 años que vi niños en las calles de India que pidieron dinero con caras miserables. No hay que mirar mucho para ver sufrimiento dentro de la niñez. De hecho se encuentra mucho en nuestro país. Una antigua colega mía trabajó durante los últimos meses en una escuela pobre en Greensboro en Carolina del Norte. Llegaba todos los días un niño de 10 que siempre estaba muy cansado y con mucha hambre. El niño estaba tan insoportable en su comportamiento que mi amiga lo investigó y descubrió que la madre y el padre habían desaparecido de las casa y que el niño y sus hermanos menores estaban viviendo solos.
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