Si alguien quiere comunicar con el monstruo, mándale un email. Su dirección es: monstruo@nosencantahacertesufrir.edu. (Noten el compañerismo entre "sufrir" y ".edu")

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Nosotros estadounidenses seguramente construimos la imagen de un enemigo para justificar acciones irracionales para proteger nuestras intereses. No todos son humanos, puesto que la naturaleza se encuentra perpetuamente como un obstáculo en el camino hacia el desarrollo de la economía y el crecimiento de la población.
En Los Pioneros, escrito por James Fennimore Cooper, la gente de un pueblo pequeño en las montañas de Nueva York después de la revolución americana piensan que todo que parece misterioso o salvaje es peligroso. Por este miedo, la gente del pueblo cortan y queman los bosques para divertirse, pescan y cazan en exceso, y imponen sus leyes a los nativos que estaban ahí cuando llegaron. El personaje principal, Natty Bumpo, quien ha vivido solo en el bosque desde joven, sabe que la naturaleza no es una amenaza real, sino un poder que solamente necesita el respeto y con el que hay que convivir, pero nadie en el pueblo escucha a sus consejos porque considerarlos significaría impedir el rentable desarrollo de la frontera.
La misma historia se ha repetido durante toda la historia de los Estados Unidos. La exterminación de los indios del oeste, la eliminación de los lobos de los EEUU contiguos, el desarrollo y la arada de las llanuras en la región central, que después resultaría en el fracaso de las cosechas fueron debido a la creencia, planteado y fomentado por el gobierno, de que teníamos que “civilizar” la tierra salvaje. Dudo que la gente americana no apreciaran la belleza del oeste que estaban destruyendo con sus sierras, hachas, ganados, arados y ferrocarriles, pero ellos fueron cegados por la propaganda a favor de la conquista del oeste, la que fue difundida por las empresas motivadas sólo por la avaricia, que construyeron una guerra entre “civilización y barbarie” para animar la gente con amenazas y causas nobles.
Hoy en día, todavía está pasando este guerra, en que nosotros aplicamos una imagen manipulada a la naturaleza para justificar nuestras acciones, a pesar de las afirmaciones de haber adoptado una relación nueva con el medio ambiente. Aunque incendios forestales mantienen la salud de los bosques, seguimos tratando de sofocarlos para proteger casas y propiedad privada en las montañas. Lo hacemos no porque los fuegos regulares nos amenazan, sino para que empresas puedan seguir desarrollando tierra que no es adecuada para el desarrollo. Lo que resulta es una lucha sin cabo contra el fuego que malgasta el dinero de todos para proteger los intereses de la minoría, pero Smoky el Oso nos convence que, sencillamente, el fuego es peligroso y tenemos que prevenirlo.
En el pasado, cuando la naturaleza actuaba en maneras imprevisibles, incomprensibles o incontrolables, era la manifestación de un dios que cargaba un mensaje, y la gente lo escuchaban y reflexionaban. Ahora, cuando un incendio destruye una casa de vacaciones, no escuchamos. No nos preguntamos cuáles errores estamos cometiendo o cuáles límites estamos violando. En cambio, nos armamos para guerra.
Lo siento, este post de mujeres es un poco tarde...
Es alarmante pensar en la fuerza con que el mundo opone al desarrollo de los derechos y la independencia de mujeres. En los EEUU hay contradicciones en el media, el gobierno, las familias y la religión con respeto al rol de mujeres así que es difícil a veces entender qué, exactamente, quieren las mujeres, pero creo que son los hombres que fomentan toda la confusión porque proponemos tantas explicaciones por qué la desigualidad debe permamecer. Las ciencias nos dice que mujeres son diferentes biológicamente, y creo que mujeres no tienen ningún quejo de no tener que pelear en la infantería con los hombres, o de tener tiempo afuera de su trabajo antes y después de parir. Pero se manipulan los significados de aquellas diferencias así que las ciencias no defienden la salud de mujeres sino que se convierten en “prueba” para limitar la libertad de mujeres, como los estudios de la psicología de mujeres y sus instintos maternales. Me preocupé cuando escuché a algunas mujeres con que estaba trabajando en junio declarar que ellos abrazaban sus “instintos maternales” y que lo que querían más era casarse, hacerse esposas domesticadas y producir bebés uno tras otro. Yo pensaba que fue imposible que ellas, quienes eran muy inteligentes y fuertes, desearan asumir un estilo de vida tan tradicional y conservador, contra el que habían luchado numerosos grupos femenistas desde hace mucho tiempo, pero nuestra sociedad tiene maneras de exigir a mujeres que escogan vidas innaturales y difíciles porque les ofrece justificaciones diversas e creíbles. Puesto que nuestra sociedad trata a las ciencias con tanto respeto, como si las conclusiones del laboratorio fueran leyes, nos tendemos a creer en sus mensajes sin cuestionarlos, y por eso una opinión de la comunidad científica, que es dominada por hombres, puede llegar con facilidad a ser en una ley cultural.
Estoy de acuerdo con Jason en que buscar y discutir las diferencias entre los sexos sirve a veces para exacerbar las injusticias porque los que interpretan sus significados y los comunican a los demás son hombres, ya que ellos controlan las ciencias, que identifican las distinciones; el gobierno, que pasa leyes sobre aquellas distinciones; la media, que interpreta las distinciones y las filtran para el público; y las organizaciones religiosas, que reflexiona sobre ellas y define roles para los sexos, los que son fuertes por su vínculo a la fe. El concepto de diferencias biológicos ha sido exagerado y profundizado de manera que ha sido construido una frontera entre lo que una mujer puede hacer y lo que, por algún razón, simplemente no debe hacer, así que en los Estados Unidos todavía no es alarmante oír mujeres que hablan de sus deseos de caber perfectamente en el lugar que les fue reservada por la tradición patriarcal.