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Pensar Otro es un espacio que construimos los participantes de Gramática nivel 4 en Middlebury durante el verano 2010, para compartir nuestras ideas y materiales sobre cómo se piensa al ‘Otro’


domingo, 11 de julio de 2010

ESTA SEMANA

Esta semana, hemos disfrutado obras del cine y escritura que cubrieron una gama de temas: una niña luchando de sobrevivir y fugarse de su mundo espantoso, un escritor cubano usando los ojos de un niño para relatar su lucha de encontrar la libertad de expresión y una película de un músico Cubano luchando para lograr sus sueños y los de su familia. Aquellas obras coinciden con mi lucha contra el monstruo de la gramática que vive bajo de mi cama. Anoche el monstruo me despertó y trató de ahogarme con un almohada repleta con adjetivos restrictivos. Me escapé pero en el acto, me golpeó con un bastón hecho de madera de un árbol metalingüística. (No trate de buscar "metalingüística" en el diccionario porque "metalingüística" no existe en nuestro mundo, solo existe en el mundo horrible del monstruo bajo de mi cama). Ahora tengo gran chipote en mi coco de su bastón. (Estoy hablando del significado denotado de "chipote" y el significado connotado de "coco", para que tú sepas). Por fin, cuando el monstruo se dio cuenta de que bien me había causado un dolor de cabeza, de repente, se desapareció.
Por lo pronto el monstruo se fue pero me vuelve sin duda. Sin embargo, el tema de la semana es "La Lucha", y el mensaje de los desenlaces de cada lucha es que si vale la pena la lucha. Aunque parece que la lucha con el monstruo va a durar mas que 2 horas como las películas. Ayúdame Señor.
Bueno, el tema de los niños que sufren de hambre y abusos me toca profundamente. Demasiadas veces pensamos en los sufrimientos de gente en países a gran distancia, pero es fácil olvidar los niños que padecen de hambre y descuidado aquí mismo en nuestro país. Casi diariamente en mi trabajo yo encuentro niños sin comida y ropa y faltan padres que cuidan a ellos. Cuando estamos buscando fugitivos allanamos casas con niños sin calor en sus casas ni ropa más que simplemente un pañal. Me asombra que esta forma de sufrimiento existe a tan poca distancia de mi propio hogar. Estas experiencias siempre me hacen pensar en mis propias niñas, y las bendiciones que yo recibí de mis padres.

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